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Misa en español
Twenty-fourth Sunday after Pentecost
November 11, 2012
 
Quiero en primer lugar referirme al salmo responsorial que cantamos en la liturgia de este domingo 11 de noviembre. El salmo 146, es un gran «aleluya» que el pueblo de Dios canta. La tradición litúrgica judía usaba este himno como canto de alabanza por la mañana: alcanza su culmen en la proclamación de la soberanía de Dios sobre la historia humana. En efecto, al final del salmo se declara: «Reinará el Señor para siempre, Tu Dios, oh Sion, de generación en generación» (v. 9).

Lo bello y consolador de este salmo es que nos dice claramente que no estamos abandonados a nosotros mismos; las vicisitudes de nuestra vida no se hallan bajo el dominio del caos; los acontecimientos no representan una mera sucesión de actos sin sentido ni meta.

Nuestro Dios no es un soberano alejado de sus criaturas, de nosotros sus hijos, sino que está comprometido en su historia y con nuestra historia, la de cada uno de nosotros. Miren, en este salmo 146 quiere expresar la plenitud y la perfección de la acción divina y lo hace en doce manifestaciones teológicas entre los versículo 5 al 9, dice: 1:Dios es creador del cielo y de la tierra el mar y cuanto en ellos hay;
2: guarda su promesa para siempre 3: Él es quien hace justicia a los oprimidos, 4: da pan a los hambrientos, 5: liberta a los cautivos. 6: Él es quien abre los ojos a los ciegos, 7: El levanta a los caídos, 8: ama a los justos, 9: protege a los forasteros (se refiere a los inmigrantes), 10: quien sostiene al huérfano y a la viuda. 11 :Él es quien trastorna el camino de los malvados y 12: Reinará el Señor para siempre , tu Dios, oh Sion de generación en generación.

Otro aspecto bello de este salmo, es que nos recuerda que el hombre es un ser frágil y mortal, como menciona el mismo libro del génesis cuando usa el vocablo ADAM, que en hebreo se refiere a la tierra, a la materia, al polvo. Este texto denota nuestra vulnerabilidad y que solo en El somos, vivimos y existimos. Y que solo en El tenemos que poner nuestra confianza y no seremos defraudados.

Por eso amigos que el gesto de esa viuda que Marcos menciona en este evangelio de hoy y que Jesús pondera poniéndola como ejemplo ante sus discípulos, nos muestra como ella se da a sí misma.
Vive su vida como una alabanza a Dios reconociéndolo a El como de su vida. Hace de Dios el valor supremo, por encima de su propia persona, y hace depender su vida de él, pues no tiene más medios de subsistencia. Las expresiones que usa Marcos cuando dice; ella ha dado desde su pobreza; no tenía más, y dio todos sus recursos reflejan el mandamiento principal citado unos versículos antes de este evangelio de hoy, en Marcos 12,30: « Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.»). Este ha de ser el criterio de los discípulos: una entrega parcial, como la de los ricos, aunque muy aparente, tiene menos valor que una entrega total, aunque de apariencia modesta. Lo que vale es la totalidad del don. La viuda es ejemplo de un amor total a Dios, expresado en el total desprendimiento no solo del dinero como medio de subsistencia en nuestras sociedades, sino que en el reconocimiento de que todo los que somos y tenemos no es nuestro es de Dios y nosotros somos administradores, servidores suyos. Ella, esta humilde mujer es la antítesis que Jesús menciona al comienzo del este evangelio de hoy , cuando hace referencia de los dirigentes, infieles a Dios por su amor al dinero.
Esta señora, que quedo viuda representa al Israel fiel a Dios. Los discípulos de Jesús aún no entienden de qué se trata este nuevo reino que Jesús les propone. Y en cambio, estiman más la gloria que la entrega. Cuando se trató el tema de la riqueza, del dinero, observemos en el evangelio del domingo 14 de Octubre de este ciclo Ben Marcos 10:17-31, que ellos se extrañaron de la exigencia de Jesús al rico y se preguntaban: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?». La respuesta que les dio Jesús fue: «Con Dios todo es posible». Respuesta que se hace visible y patente en el comportamiento de la viuda, que da todo lo que tenía para vivir. Esta confianza equivale a respuesta que Jesús la da a ese hombre que se le había acercado para preguntarle que tiene que hacer para heredar la vida eterna. Jesús fijó su mirada en él, le tomó cariño y le dijo: «Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo.

Amigos, hoy en este evangelio que nos propone la liturgia, en donde nos muestra a esta señora viuda, que desde su humildad y simpleza da todo se sí. Nos revela también con claridad que todo lo que somos y todo lo que
tenemos proviene de Dios. Dios nos lo da para posibilitar nuestra vida y la de las demás personas. Dios no lo da para que lo descubramos a El como el Dios del a amor y de la vida.

Nuestra dignidad como seres humanos no se deriva de la cantidad de bienes acumulados, ni
Vivir una vida desesperada y estresada por una ambición desmedida. La dignidad consiste en ser hija, hijo de Dios, y en poner en práctica el mandato del amor y de una entrega total y absoluta a El.